Inspirarse

Posted by Guapóloga On 15:27 1 comments

Por Simone

Siguiendo con la línea de la entrada "La primera regla", les quiero compartir un texto sacado del libro "Style A to Zoe" De Rachel Zoe*, quien es la estilista gurú -la mente maestra le llaman en el medio- de los looks de las y los artistas más importantes en la actualidad de Holywood.

Sin dejar de lado la controversia que ha causado su apuesta a los rápidos adelgazamientos (fue, por ejemplo, quien 'ayudó' a Nicole Richie a dejar de ser la amiga mal vestida y gordita de Paris Hilton. Finalmente Nicole la despidió porque las porras de los medios por su mejoría de imagen física se volvieron ataques ante la constante disminución de peso de Nicole, volviéndola estandarte de la anorexia, cosa que ya no está nada stilysh) porque en eso me parece reprobable su actuación, no puedo negar que realmente pulió a Richie, por ponerla de ejemplo, volviéndola una mujer mucho más arreglada y con presencia de lo que había sido nunca. Zoe es entonces una de las personas más influyentes de la moda actual no sólo por su excelente ojo para construir estilos, sino porque tiene acceso al front row de todos los desfiles, así que sabe de lo que habla.

Así pues, cedo la palabra a Rachel:

"Cuando me siento con mis clientes, determinamos de quién es el estilo del que aman tomar prestados elementos y discutimos el por qué. Para Lindsay Lohan nos sintonizamos con Brigitte Bardot y con Marilyn Monroe en su etapa de la joven Norma Jean. Con Mischa Barton nos apegamos a Twiggy y a Peggy Lipton.

Una de mis favoritas personales de la actualidad es Kate Moss. Adoro cómo se puede ver chic sin esfuerzo sin importar lo que esté usando, cómo puede mezclar algo que vale $5 con una prenda o un accesorio que vale $5,000. Con ella es tanto su imagen como su actitud lo que le da tanta proximidad con la moda.

¿Quién te inspira a ti? Junta imágenes de tus íconos favoritos en el campo de la moda, el cine y la historia. Mientras estás en eso consigue también imágenes de tus looks favoritos, de accesorios, interiores e incluso cosas que te pueden gustar simplemente por el color, la forma o la idea que dan. Arranca páginas de revista, cópialos de libros. Haz lo que sea necesario para construir un archivo inspiracional.

La inspiración puede también estar parada frente a ti. Mucho de mi estilo adulto derivó del estilo de mi madre en la década de los 70. En mi escritorio tengo un par de fotografías de ella en aquélla época. Mi mamá solía estar siempre muy bronceada; su pelo café, grueso y largo, y su uso de la más increíble joyería grande. Además tenía esa sorprendente actitud aterrizada y espíritu generoso que se transparentaba en el modo en el que se movía y vestía sus ropas.

Incluso en eventos casuales, el atuendo de mi mamá siempre tenía elementos de drama. Esa es una valiosa lección que comparto con mis clientes ahora. Yo siempre busco un elemento que de el toque dramático, algo que es especial y sobre el que se pueda incluso construir todo el look. Lo llamo el factor "wow".

Cuando estás estilizando un look, ya no se trata de seguir imitando a tu ícono de moda tan perfectamente como de copiar una tendencia. A través del proceso de asesoría con mis clientes (y tú ciertamente deberías hacer lo mismo), examinamos cuáles cambios de estilo que se les están proponiendo son realmente los que ellos quieren. ¿Es algo que ellos consideran que quieren porque les gusta la propuesta o porque es un look que le está funcionando a alguien más? Es genial ser inspirado por otros, pero tratar de ser la réplica de alguien más nunca funciona.

Adelante, anímate y juega con el maquillaje a la Brigitte Bardot o con el pelo corto y los zapatos sin tacón de Twiggy, pero hazlo a tu modo. Sé tu mismo. No copies sino para inspirarte. Interprétalo. De otra forma te arriesgas a ser una víctima de la moda en lugar de alguien con un gran estilo personal. Y no es así como dejarás tu marca."

Hasta aquí el texto de Rachel Zoe. Ahora, lo que importa realmente ¿qué opinas?




* Si quieres saber más sobre las críticas a los métodos de Rachel Zoe, checa esta página http://chueca.com/fotos/personajes/hermanas-de-famosas/rachel-zoe-estilista/rachel-zoe-estrellas.htm

Vuelven los 90

Posted by Guapóloga On 0:04 0 comments
Por JM

¡Y sí! A los que nacimos al final de los setenta, hablar de los noventa es hablar de nuestra adolescencia. Una década en la que se usaban los trajes cruzados en los primeros años noventa y en los que el color blanco en pantalones, zapatos y trajes enteros, se introdujo como el nuevo glam de los ochenta, pero con trajes rectos y de tres botones.

Bueno; el tema es que esta temporada, la propuesta de Prada, Gucci y Valentino, vuelven a la inspiración de los 90: el relax.

Valentino retoma los sacos cruzados, con botones metálicos, pañuelo de seda asomándose por el bolsillo; pantalones rectos y zapatos de vestir sin calcetines ni agujetas. Vuelve el uso del gel y la raya diplomática.

Para Prada, la propuesta parece tomada de un desfile de Armani del 96: Trajes negros, con un solo botón y con una prenda de punto abajo.

Gucci le apuesta a las bermudas convertidas en shorts, combinados con prendas deportivas. Los más atrevidos, combinan esos mismos shorts con corbatas, zapatos de vestir y calcetines a la rodilla.

La tendencia global son los 90, con ajuste en las formas: siluetas o muy relajadas o muy entalladas; con formas de los noventa, pero con textiles del 2008.

Los reyes son el negro, el gris y el blanco. En estampados, cuadros y flores. Y en colores vivos, el rojo es la opción.

Dense una vuelta por Zara; ahí van a encontrar la mayoría de estas tendencias aterrizadas a su presupuesto y cultura.

Perder el estilo

Posted by Guapóloga On 17:14 1 comments
Por JM

Si hay una ambición que nadie tiene, es la de perder el estilo. No hay quien, en su agenda y, con deliberación, busque convertirse en un completo desconocido hasta para sí mismo.

La pasión es un empuje indispensable para alcanzar nuestras metas. Sin embargo, esa misma pasión que nos lleva a construir, puede ser nuestra peor enemiga al adueñarse de nuestros actos más reactivos. Una pelea a golpes; insultos que apelan a lo más primario y menos razonable de una persona; desplantes que anuncian a todo volumen que la educación, si se le conoció, ya se olvidó.

Dicen que los modales son como el cero en matemáticas: por sí sólos no valen nada, pero sí le añaden mucho valor a lo demás. Pensemos en lo desagradable que es cuando una persona utiliza el catálogo de los "chin", "pen", "pin" y "pu", para expresar su desacuerdo, malestar o molestia sobre un tema en particular. Es un acto más bien parecido a ladrar. A emitir sonidos sin sentido y sin una garantía mayor que lastimar.

Aunque sería deseable que nadie perdiera los estribos; que todos pudieran expresar lo que sienten y lo que quieren, la realidad es que, todos, en un momento u otro; de una manera u otra, estamos expuestos a reaccionar de forma primaria. Y reaccionar, reclamar o indignarse, nunca será malo. Lo único malo es hacerlo sin estilo.




Esto es, aunque a veces te aguantes tus corajes, algunas ocasiones necesitarás sacar ese enojo, así que si vas a contestar la agresión, he aquí algunas ideas que pueden trasmitirlo en envoltura de lujo:
  • Para retardar el encuentro con alguien que te ha sacado de tus casiilas, se puede utilizar una frase del tipo: "Estoy ocupadísimo, luego hablamos". No se trata de que sea una mentira, sino que realmente estarás muy ocupado tranquilizándote para que cuando tengas que enfrentar a la persona y el problema, puedas hacerlo sin que tus sentimientos te desactiven el chip de la educación
  • Si temes que tanto tú como la otra persona puedan pasar de una discusión acalorada a algo más subido de tono, cítense en un lugar público y neutral. Así ninguno tiene el control del ambiente y pueden pensar mejor lo que tienen que decirse. ¡Ah!, y preferiblemente escoge tú el lugar y que no sea alguno que frecuentes porque te puede ser incómodo regresar y recordar el evento
  • Si te toman por sorpresa con un ataque, antes de contestar, piensa si vale la pena tomarse esa molestia. En verdad, hay veces que la mejor respuesta es "si supiera que entiendes, te explicaría". Simple, llana y lapidaria
  • Toma el comentario de quien viene: si es una necedad volver al mismo tema de antes, definitivamente no te desgastes en responder, recuerda que son palabras venenosas que te harán daño sólo en la medida en que tú permitas que eso pase. Si no les das importancia, pierden su efecto, ¡tú tienes el poder sobre ti mismo!
  • No grites, sigue hablando en el volumen normal y verás que la persona exaltada no sabe qué hacer y perderá el hilo de sus reclamos
  • Evita rodearte de personas que pierdan el estilo cuando se enoja: lo más fácil que hacemos los seres humanos es percibir un detalle y generalizarlo, así que no esperes que no piensen que eres igual que tu amigo/pareja/acompañante si éste no tiene tacto ni educación cuando no está de acuerdo con algo

Esta ha sido mi experiencia. No fue agradable en su momento pero quiero compartir con ustedes lo que he aprendido respecto a esas personas que al gritarme, decirme insultos (o lo que consideran un insulto) o hablar mal de mi, creen que me hacen daño, pero la realidad es que se faltan a sí mismas al respeto y dañan más su propia imagen.

Guarda tu pasión para lo que sí te va a construir un presente como lo quieres y mereces, no te desgastes más de lo necesario con personas desconsideradas.

Espero sus comentarios al respecto, sé que todos tenemos algunas malas experiencias (en carne propia o como víctimas de este tipo de agresión), así que den sus tips para hacer más respetable y creíble la molestia aunque no se manifieste con bestiliadad.

Por Simone

Bueno, pues ya estuvo de tanta reflexión: ahora sí, consejos y tips más aterrizados.

Haciendo un poco de investigación y con conocimiento de causa, me he dado cuenta de que mucha gente -tanto hombres como mujeres- le tienen pánico a los estilistas y si encuentran un salón donde alguien medianamente les acomode el pelo con corte, peinado o color, difícilmente lo sueltan; "más vale el malo por conocido..." piensan.

Sin embargo, luego de traer el mismo look por meses o años, evidentemente la imagen se desgasta y es fácil caer una zona de comfort que te lleva a peinarte igual, cortarte igual y ponerte el mismo color, lo que te hace altamente dependiente de un fulano o fulana que más o menos la mueve con las tijeras.

Por eso, si luego de leer este blog te ha entrado el "gusanito" de la renovación de tu imagen, te sugiero que tomes en cuenta estos puntos cuando evalúes el salón al que generalmente vas y/o cuando vayas a elegir una nueva estética:

Limpieza: Un salón de este tipo tiene que estar inmaculado 'de cabo a rabo', válgame la expresión. No sólo porque es un lugar que necesita mantenerse limpio por los servicios que ahí se realizan a las personas, sino que es una muestra de que está bien organizado y que los empleados y dueños son cuidadosos con el lugar, de su presentación y denotan "esfuerzo de equipo" por que el cliente esté a gusto.

Servicio al cliente: La primera impresión comienza desde el teléfono y la página de internet. Obviamente como te tratan en la llamada da algunas pistas de cómo te van a tratar cuando estés ahí. También haz de buscar coherencia entre lo que dice el sitio web y lo que sucede en el lugar porque si te mienten en eso, no es el lugar para confiar tu imagen a ojos cerrados. Aunque se permitan algunas "licencias poéticas" por el asunto de la creatividad en el estilismo (tintes exóticos o maquillajes muy elaborados), los empleados deben siempre ser profesionales tanto en su comportamiento y trato como en su vestimenta.

Facilidades: En esta era los buenos salones te permiten pagar con tarjeta de crédito y débito, así como hacer citas, conseguir productos aunque no los tengan en existencia y avisarte que ya te lo consiguieron. Además, tienen estacionamiento o te ayudan a conseguir uno; ¡vaya!, si es necesario, la hacen de valet parking o te consiguen niñera o paseador de perros con tal de que tú estés a gusto (¡y no lo estoy inventando!).

Productos de calidad: Casi todos los salones se alían con alguna red de productos para el pelo y maquillaje. Sin embargo, hay muy pocos absolutos en el mundo, por lo que no siempre es óptimo que te compres productos sólo de una marca y por mucho tiempo. Por esto, evalúa si el salón al que vas o quieres ir te da opciones distintas en lo que usa y te vende para llevar a casa.

Te dan consejos personalizados: Cada cabeza es un mundo y cada pelo y piel tiene personalidad propia, por lo que busca un salón donde no te traten como un objeto sino como una persona única e irrepetible: te analizan el pelo, responden tus preguntas y te hacen sugerencias sobre lo que te queda mejor desde su especializado ojo clínico.

Te consienten: Los salones son una necesidad, para bien y para mal en algunos casos. Si le vas a invertir a tu imagen, busca un lugar donde hagan valer cada centavo que les pagas, no importa si es de dos, tres o cuatro cifras. Te lo mereces y no se vale que no lo aproveches.

En resumen, una estética tiene que ser memorable por lo arriba enumerado y NO por:

Hacerte llorar en tu primera visita (y no ponerle remedio inmediatamente)

Hacer llorar al cliente o clienta que tengas junto (y fingir demencia al respecto)

Tener a tu estilista ocupado en chismear con el estilista de junto como para poner toda su atención en ti

Tener a un estilista que te deja diez veces en un lapso de 20 minutos para contestar su celular
Darle a todos los clientes el mismo estilo de corte y/o peinado y/o color

En mi opinión hay pocos salones en México que cumplan estas exigencias y suelen costar bastante dinero (por ejemplo, Puppy en Altavista o los de Silvia Galván en la Condesa, Ken y Thomas en Lomas). Yo te recomiendo en el DF Profesionales de la Imagen, al sur de la Ciudad; ahí es donde he experimentado el mejor servicio al cliente y a un precio completamente razonable para el servicio y prestaciones que ofrecen.
www.profesionalesdelaimagen.com Tel. 56 62 25 15

Si no es ahora, será mañana...

Posted by Guapóloga On 1:24 1 comments
Por Simone

Justo ayer que el presidente Bush decidió dar estímulos fiscales a los estadounidenses regresándoles impuestos en busca de que se reactive la economía –es decir, el gobierno les regresa lana para que compren más-, me fijo con más cuidado en toda la propaganda que hay en tele, internet y medios impresos sobre el Valentine’s Day. Y me quedo ‘de a cuatro’. Todo está tapizado con mercadotecnia que invita a los ciudadanos a terminar la “cuesta de enero” y comenzar la de todo el año… Digo, ya sé que unos chocolates no son una fuerte inversión (bueno… depende de cuáles…) pero sigue siendo una mella en cualquier presupuesto.

No pretendo sumarme a la extensa lista de personas que detestan este día, ya sea por su exacerbación del consumismo o por el planteamiento de romanticismo falaz que implica pensar que el amor y la amistad sólo tienen un día importante al año. En realidad, aun reprobando todo el alboroto comercial que se arma año con año, me gusta la idea de que todos en conjunto ‘cuasimundial’ nos miremos con ojos más amables, cariñosos y llenos de buenas intenciones y reconciliaciones; que este día muchos nos aguantemos el sentimiento de cursilería que acompaña decirle al otro que te importa y, más verdadero aún, que quieres importarle.

El asunto está en que un día no es ni lejanamente suficiente para decirle a alguien cuánto lo quieres. Y maneras hay muchas. Y con cada uno de los que quieres aplica una distinta, lo has de saber bien. El asunto aquí es saberlo decir con buen gusto, ¿no crees?

Yo te presento aquí una idea muy sencilla pero que seguramente puedes aplicar en cualquier momento en el que decidas reunirte con la gente que quieres: una fiesta al estilo James Bond. A cualquier chava le gustaría protagonizar como chica Bond y el éxito del legendario espía tanto en sus misiones como con las damas, no es ajeno para los caballeros, así que, ¡róbate la idea!

Según sean de animados los amigos con los que te vayas a reunir, puedes simplemente poner las películas de este personaje; o volver tu sala un salón de juegos estilo Casino Royale invitándolos a jugar póker y, si les gusta más el estilo glamoroso, invitarlos también a que acudan usando vestido largo y traje o smoking. Pero lo que va a darle el toque chic a la reunión son las bebidas estilo 007. Estas son las recetas oficiales de los martinis que salen en las películas:

007 James Bond Vodka Martini

Para cada trago necesitas:
2 onzas de vodka
¾ de onza de vermouth seco
Aceitunas sin hueso

Mezcla las medidas con hielo y vierte sobre copas martineras. Pon una aceituna en cada copa y recuerda “shaken, not stirred”.

The Vesper
(Como lo ordena Bond en Casino Royale)

Para cada trago necesitas:
3 partes de ginebra Gordon
1 parte de vodka
½ parte de vermouth Kina Lillet

Mezcla los ingredientes con hielo. Sirve en flautas de champagne y decora con una cascarita de limón.

Cucumber Cosmopolitan
(Receta del restaurante August, de Nueva Orleans)

Para cada trago necesitas:
¾ de pulgada de pepino pelado, sin semilla, hecho puré
2 onzas de vodka Ketel One
¾ de onza de Cointreau
½ onza de jugo de limón
1 chorrito de jugo de arándano

Mezcla los ingredientes con hielo. Sirve en copas de Martini y decora con una rebanada de pepino.

Si se te hace mucho trabajo, nunca sobra algún amigo o amiga a quien le encante hacerla de barman o algún recién- ingresado- a- la- universidad al que le ofrezcas una lanita (generalmente les urrrrrge más que a los demás) y le dejes poner un frasco para sus propinas.

Entonces, si no es hoy, cuando sea que te reúnas con quien quieres –con el pretexto de este día o cualquier otro- disfruten de la compañía mutua, de saber que existes y que le importas a quienes te importan y que, además, ¡tienes más de una buena idea para hacer de la celebración del amor algo totalmente original!

Espero sus comentarios con mucha emoción.
Por Code J.

Pues sí. La vida es insospechada y algunas veces estás arriba y otras abajo. Lo importante es no perder el estilo.

Por eso, aunque sí extraño los viejos tiempos en Bal Harbour con mi Amex negra y compras de materias nobles como la mezcla de algodón con seda; tejidos de punto en seda de Sulka; zapatos Prada o Bally, comprados directamente en sus boutiques o en Sak's y Neiman, la verdad es que, he de confesarlo, esto de ser nuevo pobre, tiene grandes ventajas cuando tienes el savoir faire de los ricos. Una de ellas, es la astucia, ingenio y expertisse que compruebas a lo largo de los años.

Hace poco, un amigo, criticón y obsesionado como siempre, me contaba horrorizado lo difícil que le resultaba aceptar el mestizaje de nombres de claros orígenes nórdicos, galos o británicos seguidos de un apellido claramente hispano: Amélie López, por ejemplo.

De ahí, una de sus derivaciones habituales, lo condujo a mirar con detenimiento mi grueso cuello de tortuga color camello tejido en lana merino y a insinuar que "la gente bien sabe distinguir entre un suéter de Suburbia y uno de Zegna que seguro es de cashmere". Prudente como soy, he aprendido a contener mis exabruptos al momento de querer desmentir el maniqueísmo que existe sobre las clases sociales, los modales, el buen gusto y demás. Así que no le dije que mi suéter lo había comprado en una rebaja de Benetton, que era de pura lana, y que no tenía ni poquitito cashmere.

Esa escena, me inspiró para entender que la percepción que tienen las personas sobre los otros, está influenciada por varios aspectos.

Por ejemplo, aquí un sencillo suéter de lana, se convirtió en un objeto de deseo para otra persona, porque iba acompañando de un maravilloso Roadster en acero de Cartier; unos sencillos pantalones negros de Zara de corte recto y zapatos puntiagudos de Zara en acabado cocodrilo. Muy distinto hubiera sido el mensaje si hubiera llevado mezclilla deslavada, por más True Religion o Seven que fuera, y tenis de deporte.

En los últimos años, empecé a ir a los outlets. Obviamente, empecé por ir al premium de NYC, al Woodbury. Siempre escuché a mi madre y bisabuela decir cosas como: "La gente que va al outlet es la que cree que es lista por comprar barato lo que los demás ya no queremos". Así que mientras dependiera de los presupuestos y planes familiares, ir al outlet era prácticamente una cita con la pobreza extrema y con lo más bajo de la raza humana. Al morir mi bisabuela, lo primero que hice, fue ir al outlet de Nueva York. Era mi primer outlet. La lección fue valiosa: Lleva una lista de lo que estás buscando y no compres nada, hasta que hayas conseguido lo de la lista. Obviamente, en mi mentalidad de novato, compré miles de chamarras Gap que, me hicieron sentir millonario y que hoy por hoy, están guardadas en mi clóset, porque no tienen nada que ver conmigo. Lo mismo con las camisas de Ralph Lauren, que tienen un corte infame y que me hacían ver como primo pobre; terminé por dárselas a Santiago, que mide 10cm más que yo.

La transición del retail con etiquetas que incluyen las palabras "Hand", "Made"; "Silk", "Cashmere", "Pima Cotton", "Tods", "Cuir", "Hermés" y otras, al "Wash Machine Cold" y al "H&M", ha sido divertida. Porque, de hecho, cada vez me veo más sofisticado, ¡¡¡gastando menos!!! Y sin el riesgo de que alguna monja en los alpes suizos termine ciega cosiendo alguna de las ñoñerías de la clase alta que "nos hacen distintos de 'ellos' ", como escuché mil veces decirlo a... a mucha gente.

Mi última compra, fue hace 20 días en el H&M de Washington Street, en Boston. Mi hermana me regaló un par de jeans de $39.99dls. La verdad, están wow y todo mundo, jura, ayudados por mis combinaciones y uso del Luminor GMT, que esos jeans deben estar sobre los $399 dlls, y no sobre los 39 que pagamos.

Más que traumático, ha resultado una aventura que reta mi inteligencia, mi buen ojo y mi buena memoria. Y al entrar a un "purgadero", como llama mi madre a los outlets, puedo identificar qué, de todas esas pertenencias, podrían pasar perfecto por pertenencias de una marca súper exclusiva que los mexicanitos con armani, gap y abercrombie como top of mind, envidiarían de inmediato. Gracias a Zara por existir, gracias al H&M por estar y gracias a... a mi familia por enseñarme a comprar como rico para que dure como pobre.

En mi próxima entrega, prometo dar algunos highlights de cómo comprar y qué comprar.









Por Simone


Y bien, es cierto que 'El Estilo' es un término que, como bien dice Code J, está tan manoseado que, como digo yo, se ha vuelto ambiguo y muy poco claro para los que no vivimos en un sit com norteamericano (aunque a veces tengo la impresión de que estoy en Seinfield o en Mad About You...) Pero esto no es pretexto para no empezar por donde se debe y así lo asumí yo misma porque eso "do not practice what I preach" como que no me late tanto.


En mi caso he pasado por casi todo lo que se refiere a vestuario, aunque sea una embarrada inocente: el atuendo escotado y pintado al cuerpo cuando tenía 14 años e iba a las fiestas de 15, los infames uniformes de deportes con tenis y calcetas blancas, mis jeans con los mismos tenis -la idea de tener varios tenis de colores no era popular ni en mi famila ni en la mayoría de las de mis amigos: "¿Pa' qué más pares si estos todavía están buenos y te sirven para la escuela?" preguntaría cualquier padre de familia de principios de la década de los 90)- y una playera tipo camiseta con cuello redondo, sin olvidar las "donas" del pelo en colores fosforescentes.


Pasé también por mi etapa 'monjil-conservadora-ingenua-dulce' de faldas largas y anchas, camisas de cuello polo de color sólido y colita de caballo; luego, mi look hippie, con morral tejido a mano por gente de Hidalgo (o eso creía yo hasta descubrir una etiquetita mínima que decía "made in Vietnam”), mi evolución hacia el look "ya- engordé-me-pongo-lo-que-encuentre" en un sentido casi literal y la definición actual de mi guardarropa: muchos básicos, colores variados, cortes limpios y accesorios.


Me encantó cada una de esas etapas y, aunque algunos ahorita podrían considerarse fuertes atentados contra la moda y una falta de auto respeto, simplemente funcionaron en sus respectivos momentos. Qué rara aplicación de la palabra 'funcionaron' para un asunto de telas, botones y cierres... Me explicaré mejor: digo que 'funcionaron' porque cada uno de esos coordinados de ropa "mensajearon " a los demás lo que yo pensaba de mi misma y me ayudaron a sentirme segura de que todos captaban el mensaje.


Es decir, si yo veo a un policía con sandalias de playa y traje de baño no es que me inspire mucho respeto ni autoridad. O si viera a una Conejita de PlayBoy lonjuda, celulítica y sin ninguna intervención "divina" en su anatomía la consideraría sin piedad la versión "región 4" de Kendra, Bridget y Holly, una imitación burda y sin personalidad que está -básicamente- mintiendo.


Por eso resulta tan importante para mi reconocer que mi ropa transmitía el mensaje que quería darle a los demás acerca de cómo me sentia en cada uno de esos momentos. A veces es más claro si eres punketo, darketo o rockero porque sus looks resultan más que impactantes en muchos casos, pero para cualquier adolescente, joven y adulto joven es indiscutible la necesidad de presentarse ante sus congéneres como un individuo, valioso y con personalidad. Siéntete viejo si ya no te importa qué trasmites con tu atuendo.


Sin embargo, el punto a destacar -que viene siendo la primera regla- es que en el pulimiento y construcción del propio estilo, el punto de inicio es conocerse bien uno mismo. Sí, ya sé que suena a filosofía de metro, pero por algo es una máxima que ha regido la vida de muchos grandes: el autoconocimiento es la fuente de todas las inspiraciones, incluyendo la del estilo; es la única manera de que realistamente sepas qué quieres, cómo lo quieres y qué estás dispuesto a intercambiar por ello (pues sí, unas cosas por otras siempre, es ley de vida).


Por esto hablo de la honestidad abrumadora: sólo siendo realmente honesto contigo mismo puedes hacerte de un estilo propio. Implica entonces -en la cuestión del propio estilo- revisar tu clóset y ver si realmente lo que usas en el viernes "casual" hablan de un profesionista que aprovecha ese día para jugar al cool o realmente es la pantalla que quieres dar y generalmente preferirías que tu jefe no te viera mucho con la sudadera de Hard Rock de cuando fuiste a Ixtapa (donde, por cierto, no hay tal restaurante). Es aceptar que tal vez no consideras que los mensajes no verbales que das con tu lenguaje o tus modales son realmente un aviso luminoso; que no crees que la primera impresión es importante (y eso que nos toma entre 7 y 20 segundos formarnos una opinión de quien vemos por primera vez, sea en el día o en la vida) y por eso sales de tu casa sin una gota de maquillaje o con calcetas blancas y zapato negro. Es ser tan abrumadoramente honesto con uno mismo como para al menos contemplar la posibilidad de que no te sientes tan importante como para que el resto del mundo se fije en ti...


Y no se trata de vanidad o superficialidad, nada de eso. Es uno de los riesgos, sí. Pero ¿qué existe sin riesgo en la vida? Creo que es más valioso arrepentirse de lo que haces que de lo que dejaste de hacer porque así se aprende. No se trata de juzgarse y sufrir por lo que se es, sino conocerse de tal forma que no pese decir "Estuvo bien mientras duró, ahora es tiempo de un cambio". Y comenzar por el auto mejoramiento de la imagen física y mental puede parecer lo más drástico y frívolo, pero justamente es lo más profundo y lo que realmente trasmite un mensaje a los demás: "sé qué es lo mejor de mi y si no te pones abusado, te lo puedes perder".


Espero sus comentarios.

De-constructing El Estilo

Posted by Guapóloga On 0:12 1 comments
Por Code J.

La palabra "Estilo" está muy manoseada. Se ha convertido en un concepto polarizado bajo el que se agrupa a un conjunto de comportamientos, pertenencias, circunstancias o personas que tienen el "savoir faire" tan anhelado de las clases medias o nuevas altas.

El estilo no está en un presupuesto ni en un catálogo de firmas de lujo. Tampoco está en un extenuante inventario de pertenencias de alto valor. Está en cada paso que damos, en cada palabra que enunciamos, en cada cosa que hacemos.

Y es que El Estilo, no se refiere, ni más, ni menos, que a la forma en la que hacemos las cosas, nos desenvolvemos y sobrevivimos. Sí, he aquí la verdadera noticia: el "naco" también tiene estilo. Al igual que la raza humana, esta revelación habría de ser devastadora. ¿Cómo reponernos de ese calificativo que parecía alzarnos sobre el resto de los demás y que, examinado con toda precisión, más bien nos homologa, nos iguala y nos rebaja a la ínfima categoría de seres humanos? El Estilo no es un personaje; no es una marca; es la palabra que describe, a priori y sin contenido, la forma de hacer las cosas que cada uno de nosotros tenemos.

Por otro lado, aunque el uso del concepto de "El Estilo" está desgastado y tiene un uso impropio e inadecuado, es, coloquialmente, aceptado como un cumplido; como un calificativo y no como un sustantivo. Pensemos en una frase como "Tiene estilo", significando elegancia y corrección en lo que respecta a la apariencia o al comportamiento. Es una falacia. Porque el descortés, sin educación, sin pulimento social, sin conocimiento de causas mayores que sus vísceras y su inminente conexión ad hominem con el lenguaje paupérrimo que posee; también tiene estilo. Un estilo degradante e inmundo, pero lo tiene.

Para dejar más claro el tema: el estilo es inalienable. Nos guste o no, lo tenemos. Aún al ir en contra de lo establecido, hay un estilo; una contra-cultura. Al estilo no se renuncia. Y no hay juez que decida cuál es mejor que otro. Sí hay ojos; hay tendencias; hay conceptos comunes que hacen que, en el más puro estilo Saint-Exupériesco, miremos en la misma dirección y nos parezca infinitamente más elegante un par de mocasines color camello de Tod's que unas botas mineras.

Si la gente que se dedicara a la industria del "estilo" supiera algo más que proporciones y textiles... sabrían que es un fraude llamar a una publicación con ínfulas de manual de etiqueta y de tendencias, In Style por ejemplo. En fin, para entenderlo, habría que saber etimologías o, al menos, el significado de las palabras que se utilizan.

En fin, en este espacio, cederemos al coloquialismo y hablaremos de "Estilo", siempre entendiendo que el catálogo de información que aquí presentemos no excluye a lo distinto, sólo enfoca lo que a nuestro parecer, conforma un estilo de buen gusto, de reto al saber hacer, al saber vivir.


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