El 7 de septiembre me encontraba en Nueva York, contando los minutos para entrar al auditorio Alice Tully Hall y ver en pantalla gigante la trasmisión del mega desfile previo a la Fashion Night Out, que se llevaría a cabo justo cruzando la calle, al aire libre en el Lincoln Center.
Como bien cuenta Cheryl Santos en su artículo en Milenio, la estrategia publicitaria funcionó de maravilla para Vogue y, consecuentemente, para la señora Wintour, quien no tuvo problema en aparecer, -por segundo año consecutivo- en un programa nocturno estadounidense al lado de Marc Jacobs, dando una entrevista y promoviendo tanto el evento de moda como el número septembrino de la publicación que dirige.
El día del desfile, Andre Leon Talley -de Vogue USA- y Hanneli Mustaparta -de Style.com- dirigieron la trasmisión televisiva que se grabó para sacarla al aire el 14 de septiembre, teniendo entrevistas previas con varios diseñadores, quienes se mostraron entusiasmados por la experiencia de volver a mostrar sus colecciones, ahora listas para venderse. Imposible pasar por alto el dato de que habría más modelos desfilando que nunca antes en la historia de los shows de moda, que la gente podría adquirir inmediatamente todo lo mostrado y que, además, es indispensable que los diseñadores se involucren con el público al que se dirige la venta de las piezas y no sólo quedarse en la capa adquisitiva de compradores masivos, editores y demás público especializado al que -originalmente- están dirigidas las semanas de la moda.
Esto me hace pensar que, si les salió en cuentas el negocio, seguirán repitiendo el evento del desfile masivo mientras el gobierno de la ciudad y los diseñadores acepten seguir el ritmo estresante que algo de esta magnitud refiere, especialmente porque la fecha es pisándole los talones a la Fashion Week más importante del continente americano.
Dentro del auditorio, mientras comenzaba la trasmisión, tuvimos un panel de discusión entre Tory Burch, Alexander Wang y la directora de la marca J. Crew, quienes platicaron sobre los sentimientos que preceden una colección a presentarse en la Semana de la Moda neoyorkina y/o un catálogo (en el caso de J. Crew). Sin decir nada nuevo ni muy interesante, fue agradable escuchar de viva voz de los interpelados que la creatividad, la inspiración y el trabajo duro no toman más de 3 días de vacaciones si realmente quieren triunfar en su ramo. Confirmo: no es mi imaginación que el ritmo vertiginoso de la moda en el mundo comienza en las grandes mentes y no sólo es la traducción del la fast fashion, tan mentada ya.
En cuanto a la transmisión, Andre es taquillero y Hanneli es guapísima, pero eso de conducir nomás no se les da mucho. Especialmente a Andre le cuesta mucho ceder el centro de la atención al resto de las personas que se sentaban a cuadro, así que hubo más de una carcajada general en el auditorio, tanto por sus interrupciones como sus gestos de fastidio -sus clásicos y no muy simpáticos ojos en blanco-. Pero todo quedó opacado con las chicas desfilando frente a los cientos de personas que pagaron su lugar -sólo los VIP fueron invitados, evidentemente para jalar más público general- para ver las prendas y los estilismos de cerca. El desfile duró unos 15 minutos de cabo a rabo y así terminó la espera de semanas: con mujeres bellas bailando en un autobús turístico con faldas de alta costura y camisetas de la Fashion Night Out 2010.
Ahora, una razón más para justificar mi amor perdido por Nueva York: saliendo del auditorio, recogí mi cámara -confiscada antes de la proyección porque se veía "muy profesional". Sin comentarios- y crucé la calle hacia la muchedumbre. Ahí, sin ningún tipo de seguridad personal ni más ceremonia, me topé cara a cara con Diane Von Fusterberg, Carolina Herrera (a quien felicité en español y me respondió un poco turbada "Gracias. Thank you"), Grace Coddington, Blake Lively -altísima y bellísima en persona-, Michale Kors, Roger Federer (aunque ahí sí fue de lejos, los policías se pusieron más atentos con él) y Leighton Meester.
Y, claro, en un desfile tan democrático no es difícil encontrar en el subterráneo a algunas modelos del show. ¡Sólo en New York!




